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Origen y tradición de las plañideras

1 diciembre 2021

Hay muchas tradiciones vinculadas a la muerte que, si bien se han ido perdiendo con los años, durante siglos fueron parte de la cultura popular de una gran número de civilizaciones. Es el caso de las plañideras, considerado uno de los oficios más antiguos del mundo. ¿Cuál era su trabajo? Puede parecer que se les pagase simplemente por llorar, pero no era tan sencillo. Cobraban por lamentar el fallecimiento de alguien, pues se creía que las almas, a través de esos sollozos, podrían alcanzar el descanso eterno.

Se considera que su origen está en el Antiguo Egipto y, más concretamente, en Isis, la gran diosa madre. Según cuenta la leyenda, Isis lloró de manera desconsolada cuando su marido, Osiris, fue asesinado por su hermano Seth. Lo hizo mientras buscaba los diferentes trozos de su cuerpo por todo el país para intentar devolverlo a la vida. Las mujeres que empezaron a desempeñar este papel en aquella época vestían ropa de luto durante el velatorio y el entierro y llevaban con ellas un jarrón, conocido como lacrimatorio, en el que derramaban sus lágrimas. Era esta la manera de los egipcios más pudientes de demostrar ante los pobres el dolor que había causado su defunción – a más dinero, más plañideras y, por tanto, más llantos -.

La realidad es que, a lo largo de toda la historia, esta figura ha existido en un gran número de civilizaciones y han llegado pruebas hasta nuestro día. En la Ilíada, por ejemplo, Homero describe a la madre de Héctor, Hécabe, arrancándose cabellos tras la muerte de su hijo. También el llanto de las Ninfas por el padre de Andrómaca o el de las Nereidas durante el funeral de Aquiles son claros ejemplos. Continuando en la historia, el profeta Jeremías llama en el Antiguo Testamento a llorar por la nación hebrea a las lamentatricescuando Judá e Israel son tomados por Nabucodonosor II.

Poco a poco, con la llegada del Cristianismo, esta figura va haciéndose cada vez más conocida, siendo representada en mujeres como María Magdalena o incluso la Virgen María. Sin embargo, la Iglesia trató de prohibirla y, de hecho, las constituciones sinodales de Sevilla llegaron a tratar de impedir que tanto la viuda como las hijas de la persona fallecida asistiesen al entierro, con el fin de evitar que llorasen en él. Eso sí, sin mucho éxito.

En España

La expresión “Vai chorar a Cangas” es muy conocida en Galicia, sobre todo en la zona de las Rías Baixas y, precisamente, tiene su origen en el papel de las plañideras. Famosas en la localidad de Cangas do Morrazo, todavía seguían ejerciendo su labor durante el siglo pasado, si bien fue el siglo XIX cuando estuvieron en pleno apogeo. Conocidas también como choronas, eran mujeres a las que se les pagaba por llorar en los funerales. Era tradicional que lo hicieran a cambio de un real y de una taza de caldo, y había verdaderas expertas en el arte de llorar.

Dentro de sus funciones se encontraba la de no dejar nunca al difunto solo. Si era necesario, lo velaban durante toda la noche y, una vez contratadas, debían hacer las preguntas necesarias a la familia para saberlo todo sobre él y contar las maravillas que había hecho en su vida. De hecho, una de las razones por la que se les contrataba era para acallar a aquellos que iban al funeral a “hablar mal” del fallecido.

Otras comunidades autónomas españolas también contaban con tradiciones similares. Hablamos de las ploraneres, ploramorts o los ploracossos (que eran hombres) en Cataluña, de las aldiagileak en Guipúzcoa, las erostariak en Vizcaya – siendo especialmente conocidas las de Bermeo – o las nigareguileak, en Navarra, entre otras.

Además, se trata de una figura que todavía existe en algunos países a día de hoy. En ciertas zonas de América Latina, por ejemplo, aún se ven mujeres de negro que lloran por alguien que no conocen con un pequeño libro entre las manos. En lugares como Taiwán se considera que debe darse una despedida escandalosa a los difuntos para que puedan alcanzar la otra vida. Hay hasta profesionales con fama en todo el estado. Liu Jun-Lin es la más conocida, y llega a atender hasta dos o tres funerales al día con su hermano A Ji, que toca música tradicional con instrumentos de cuerda. Tal es su renombre que tienen una empresa con varias mujeres dedicadas a llorar en funerales ajenos.

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